La igualdad entre mujeres y hombres es una de las cuestiones más importantes que aún tenemos pendientes como sociedad. No es difícil encontrar datos y noticias que nos muestren la brecha salarial, el techo de cristal y otros temas que dejan bien claro que la desigualdad más profunda que tiene la humanidad es la que se produce entre el hombre y la mujer. Pero donde me quiero centrar ahora es en el papel que jugamos los formadores en todo esto en base a mi experiencia. Ojo, teniendo en cuenta que no soy un experto en género ni me dedico a este campo profesionalmente.

Siempre he incluido la perspectiva de género en todas las formaciones en las que he participado de una u otra forma. A veces como contenido específico, como por ejemplo en la preparación de propuestas de proyectos europeos, y otras como tema que saco a colación, como por ejemplo para hablar de proyecto como este. Sin embargo, últimamente me han agradecido que incluyera consideraciones específicas que no había planeado como contenido estricto de género, lo que me ha sorprendido.

Por ejemplo, en una charla sobre identidad digital dediqué un apartado a poner ejemplos de cómo algunos usan redes profesionales como LinkedIn para hacer comentarios sexuales en fotos públicas e incluso proposiciones personales mediante mensajes privados. Sencillamente, con los años he ido recopilando ejemplos y capturas de pantalla que me sirven para ilustrar un problema al que se enfrentan las mujeres cuando tienen presencia digital (y sigo hablando estrictamente del entorno profesional). Pues lo que hago con esos ejemplos es contar que existe, explicar al alumnado que es posible que a veces se encuentren con situaciones de este tipo y darles algunas recomendaciones para resolverlas de la mejor manera posible.

Lo cierto es que es un tema del que hablo mucho con mi esposa y amigos y amigas, así que supongo que lo he ido incluyendo de forma natural teniendo en cuenta que generalmente tanto en el ámbito universitario como en el profesional siempre tengo más alumnas que alumnos y uno acaba dando por hecho que es algo básico. Pero alumnos y alumnas me han comentado que era la primera vez que en charlas de este tipo alguien les hablaba de ello y que agradecían las recomendaciones para poder gestionar este tipo de situaciones que, incluso a algunas, ya les había pasado. Así que, voy a intentar aquí dar unas pequeñas líneas acerca de lo que considero que cualquier acción formativa debería incluir sobre género:

  1. La forma en que afecta a las mujeres. Sea cual sea el tema y contenido de la formación de alguna manera va a afectar de forma diferente a las mujeres (como la movilidad y el urbanismo), así que debemos incluir un apartado con consideraciones específicas. Con el ejemplo anterior, hablando sobre identidad digital hombres y mujeres vamos a vivir situaciones distintas y es buena tenerlas en cuenta para que nuestra labor formativa sea más completa.
  2. Lenguaje inclusivo. Estamos a costumbrados a hablar de una cierta forma y es complicado a veces incluir nuevas normas, por pequeñas que sean, pero es cuestión de acordarse de hablar de “alumnado” en vez de “alumnos” y en poco tiempo nos saldrá de forma natural. Y es que ¿no es raro que un formador masculino diga una y otra vez “todos” cuando tiene delante veinte alumnas?
  3. Llamar la atención. Es posible que surja algún comentario denigrante ante ciertos ejemplos o contenidos que planteamos y eso hay que cortarlo de raíz. Con educación y mucha tranquilidad debemos llamar la atención a la persona que lo haga.
  4. Evitar el debate partidista. Esto no es cuestión de partidos, así que debemos evitar que en mitad de un taller surjan cuestiones sobre uno u otro partido político. No estamos en una tertulia política.

Es decir, en definitiva no se trata más que de incluir en nuestros talleres y cursos las necesidades y experiencias específicas de las mujeres para que, al igual que los hombres, puedan ser parte integrante del proceso de aprendizaje.