El trabajo del técnico de proyectos de I+D+i tiene una carga importante de redacción de textos: propuestas a programas de financiación europeos, elaborar fichas de proyectos, cartas, acuerdos, informes de seguimiento, comunicación, etc. Y a la luz de los pobres resultados que nuestro país obtiene en muchos casos parece claro que uno de los errores más frecuentes es la incapacidad para comunicar y explicar adecuadamente no sólo la parte científico-técnica, sino también la forma en la que el consorcio va a funcionar y el impacto que el proyecto va a tener.

Una correcta redacción es fundamental a la hora de comunicar y expresar las ideas, así que intentaremos aquí dar unas pequeñas pautas y recomendaciones para intentar conseguir una mejora en nuestros escritos:

  • En el contenido debemos tener muy en cuenta al lector, puesto que el texto es aquí la herramienta que usamos para transmitir un mensaje. Los evaluadores europeos no tienen por qué ser angloparlantes, por lo que nuestro inglés debe ser fluido pero alejado de complejidades innecesarias, teniendo siempre la claridad como característica elemental. Evitemos caer en las repeticiones inncesarias y cualquier tipo de rutinas gramaticales que no aporten nada al texto.
  • La legibilidad suele ser uno de los elementos que más disgustos provocan, porque muchos escribimos a medida que vamos teniendo ideas y recordando datos que acabamos añadiendo al texto, lo que a veces toma una forma farragosa y compleja. Para evitarlo debemos ordenar las ideas previamente, quizá con la ayuda de un mapa conceptual o esquema, y usar siempre una sintaxis sencilla que busque la necesaria concreción que precisa el texto. Tenemos que entender el texto en una primera lectura. Si necesitamos volver una y otra vez a él para comprender alguna parte es que no está bien escrito.
  • La estructura del texto nos va a dar una primera impresión visual decisiva a la hora de enfrentarnos a la lectura. El párrafo cobra así una importancia mayor que en otro tipo de textos, puesto que no tenemos más que una o dos unidades jerárquicas superiores, y por ello también debe estar sometido a una organización basada en la introducción, el desarrollo y conclusión. Aunque no siempre incluya todos estos elementos, el orden, la forma, la extensión o el lugar que ocupa son cuestiones a tener muy cuenta.
  • Las normas básicas en cuanto al uso de los signos de puntuación son conocidas y fácilmente localizables en gran cantidad de manuales y diccionarios (como en el de Oxford), pero un ejercicio muy simple y útil es hacer una lectura en voz alta del texto, haciendo las pausas y modulaciones de entonación que cada signo aporta. Así, podemos ver con claridad la estructura de las frases y articular mejor el tiempo del texto.
  • La planificación es fundamental, por lo que debemos dedicarnos a cada fase una por una: documentación, redacción y revisión.
  • Al terminar un texto siempre hemos de revisarlo y para ello puede ser interesante retomarlo pasadas unas horas o días, lo que nos facilitará una nueva visión del mismo.

Aunque seguro que podríamos añadir muchas más, recordar y tener presentes estas pautas elementales puede ser un perfecto comienzo para empezar a prestar la atención que merece la redacción en la elaboración de cualquier tipo de proyecto de I+D+i y, por supuesto, esta entrada está abierta a cualquier sugerencia o aportación que tengáis.


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