Aunque recientemente he publicado una entrada sobre innovación social, a veces resulta más cómodo -o al menos ayuda- acercarse de forma más aproximada a la definición de un concepto si nos centramos en desgranar lo que no es. Es por eso que este apunte puede servir de complemento a las mencionado texto.

  • Los proyectos asistenciales, cuyos promotores son quienes tienen en consideración y delimitan aquello que los beneficarios necesitan. Si los beneficiarios no tienen la posibilidad de participar activamente NO es innovación social.
  • Cuando se produce una mutación o continuidad en los modelos y estructuras NO es innovación social, porque ésta debe provocar una ruptura y una transformación. Debe promover y aprovechar el cambio.
  • Debido a que la innovación social busca el cambio es necesario que persiga objetivos reales y bien definidos. NO es innovación social si no es también funcional y pragmática.
  • Si no encontramos ciertas connotaciones éticas, en las que se incluyan valores como la confianza, la responsabilidad, el respeto o la equidad NO es innovación social.
  • El punto anterior refiere una narrativa concreta, por lo que si no posee un discurso propio NO  es innovación social.
  • Una empresa social NO es innovación social. Una empresa puede tener un objeto social y no ser replicable, no sustentarse sobre un capital intelectual o basarse en la colaboración y la participación.
  • La innovación social puede surgir en diferentes ámbitos -no sólo el tecnológico- y desde ellos busca entrar en otros aspectos de la acción social. NO es innovación social si surge únicamente del mismo lugar y no penetra en otros aspectos del bienestar social.
  • La innovación social escapa de la lógica económica y tecnológica actual,  persigue otros fines y se desarrolla en parámetros distintos. De esta forma, cualquier iniciativa o proyecto que funcione bajo los parámetros económicos y tecnológicos habituales NO es innovación social.