Habitualmente la participación ciudadana a nivel local está copada por las entidades sociales más activas, como asociaciones de vecinos, AMPAS y hermandades. Y tiene sentido, porque estas entidades suelen ser bastante activas en su municipio, participando o demandando participar en todas aquellas cuestiones que les influyan de una forma u otra.

Para las corporaciones municipales suponen además interlocutores conocidos, fáciles de contactar y en algunos casos con vinculaciones económicas más o menos estables. Muchas de esas entidades dependen de una subvención nominativa que en cada presupuesto se les otorga y otras concurren a menudo a otro tipo de subvenciones o licitaciones locales. Ambos se conocen bien, se entienden y de forma natural se produce esa participación.

Sin embargo, existen otro tipo de grupos sociales que no están representados por los canales habituales y, por supuesto, también están además las personas individuales. Y ambos no suelen estar en el punto de mira de las corporaciones municipales a la hora de plantear acciones relacionadas con la participación social. De hecho ya en 2001, según un informe del Consejo de Ministros de Europa se hablaba de la necesidad de implementar instrumentos que incluyan formas más flexibles de participación y que incluyan a la ciudadanía no organizada.

Es de vital importancia que los mecanismos que pongamos en marcha no privilegien a esas entidades locales y pongan sus intereses por encima de los del resto de la ciudadanía. Porque de no hacerlo nos arriesgamos a trabajar con entidades que en la práctica acaban funcionando como pequeños lobbies locales, que conocen bien los recovecos de la administración y la política local, y que con los años hayan podido degenerar en organizaciones excesivamente endogámicas y con poca o nula capacidad de representatividad.

Esos mecanismos deben estar orientados a toda la ciudadanía, esté organizada o no. Porque si echamos unas sencillas cuentas veremos que en cualquier municipio la ciudadanía no organizada es mayoritaria, por lo que si la obviamos estaremos poniendo en marcha procesos en los que acabará decidiendo una minoría. Así, es muy posible que las acciones que se lleven a cabo no sean del agrado de la mayoría de la población y la corporación municipal valore el proceso de participación negativamente. Y ya sabemos que continuidad va a tener cualquier proceso participativo si a los políticos les produce demasiados quebraderos de cabeza…


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