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Según la Guía para la innovación social de la Unión Europea la innovación social se define como un proceso de desarrollo e implementación de nuevas ideas (productos, servicios o modelos) que satisfagan las necesidades de la sociedad y sean capaces de crear nuevas relaciones y colaboraciones. Es decir, su objetivo es mejorar el bienestar de la sociedad implicando a ciudadanos, empresas, comunidades, organizaciones e instituciones. Y lo cierto es que en el fondo no es nada nuevo: la sociedad siempre ha estado en una constante búsqueda de soluciones para sus problemas. Pero ahora, la situación política y económica ha acentuado la necesidad de encontrar soluciones urgentes y quizá por eso el concepto ha cobrado la dimensión y relevancia que tiene actualmente.

El enfoque principal de la innovación social tiene muchas características en común con la innovación abierta, puesto que ambas tienen en la apertura, la participación, el intercambio de conocimiento y la colaboración sus pilares básicos. La aportación fundamental que la innovación social hace es la inclusión del interés general de la ciudadanía, además de poner en valor su propia capacidad de acción. Hasta aquí, lo cierto es que el planteamiento es muy similar al de las entidades sin ánimo de lucro que desde hace décadas vienen prestando un servicio indispensable a la sociedad atendiendo a muchos de los desafíos y grandes problemas de la sociedad. Sin embargo, lo que la innovación social pone sobre la mesa es la implicación de toda la ciudadanía en este proceso, así como el sector público y privado, algo que ya estamos viendo en la cada vez mayor implicación social y ética por parte de muchas empresas y en el nacimiento de nuevos modelos empresariales, basados en estructuras horizontales o en organizaciones híbridas.

En los programas de financiación europeos y especialmente en el programa Horizonte 2020 la innovación social va a tener un papel relevante como herramienta fundamental en la nueva política de cohesión territorial que se está preparando para los próximos años, por lo que cabe la posibilidad de que se incluya incluso entre las prioridades de los diversos programas europeos. Eso no significa que los proyectos deban ser exclusivamente sobre innovación social, sino que ésta puede –y debería- formar parte del enfoque, la metodología, los procesos y, por supuesto, el carácter del proyecto. Para ello, debemos tener en cuenta la necesidad social que el proyecto busca solucionar, pero también el enfoque social de las herramientas y métodos usados. Por ello, no está de más empezar desde ya a tener en cuenta cuestiones referentes a la economía social o la responsabilidad social en aras de comenzar a implementar metodologías y enfoques de innovación social en nuestros proyectos de I+D+i.


Artículo publicado originalmente en Avalon Red.