La diáspora cultural y científica

Hace unos meses FENAC publicaba un informe en el que alertaba de la pérdida para España e más de 300.000 jóvenes titulados, en su mayoría altamente cualificados, y la cifra tiene visos de seguir aumentando, porque según ese mismo informe un millón y medio de parados son licenciados. No es complicado ver aquí cómo hemos invertido durante muchos años en una educación que ahora está siendo explotada en otros países. Eso sí, a un precio inferior porque, no nos engañemos (ni dejemos que nos engañen), un licenciado español no cobra en Alemania lo mismo que uno alemán.

Pero esta situación no es totalmente nueva. Hace unos años la “fuga de cerebros” se producía sobre todo en el ámbito universitario y casi siempre motivada por la falta de recursos, porque en esos años de burbuja inmobiliaria, cuando todo parecía ir bien, a un investigador español ya se le estaba acabando la paciencia a base de becas miserables, contratos basura y un ambiente académico en demasiadas ocasiones caciquil. Fue en esos años de “bonanza” cuando las universidades privadas crecieron en España al calor de grandes inversiones y convenios que facilitaban la inserción de sus titulados.

Aunque arriesgado es difícil evitar la tentación de buscar una comparación con la anterior migración masiva que sufrió este país: la que padecimos durante la dictadura. Desde 1938, y mucho más en los años siguientes, casi la totalidad de los intelectuales comenzaron a salir del país. El país americano que mayor número de refugiados acogió fue México: unos 22.000 entre 1939 y 1948. Entre aquellos emigrantes no hubo sólo nombres conocidos, como Rafael Alberti, sino también una mayoría de profesores. La universidad y la educación media fueron las más perjudicadas y muchos departamentos no alcanzaron el nivel de trabajo que tenían en los años 30 hasta prácticamente finales de los 70. Esta nueva migración, aunque motivada por sucesos diferentes, también va a tener muchas consecuencias similares a aquella, porque de nuevo donde más se va notar la falta de profesionales bien formados va a ser en la universidad y en la educación media. Sumemos a esto los recortes y ya podemos imaginar cómo van a quedar los departamentos universitarios y los centros de enseñanza de primaria y secundaria en unos pocos años.

Si durante la década de los 50 y 60 los emigrantes españoles, italianos, griegos y portugueses llegaban al norte y al centro de Europa para trabajar en fábricas, minas y astilleros ahora parece que los puestos a los que pueden acceder son más cualificados. Sin embargo, la trastienda ideológica sigue siendo la misma: un crecimiento económico basado en una baja inversión, una producción intensiva y unas mercancía de bajo coste. Es decir, más de lo mismo de eso que ya propugnaban Henry Ford y F.W. Taylor hace un buen puñado de años…


 

2 Comentarios

  1. Los científicos españoles fugitivos dieron en México un gran impulso a ciertos campos como, si la memoria no me falla, las matemáticas. A cambio España se desertizó. Los fugitivos de la miseria y falta de horizontes de este comienzo de siglo XXI hacen bien en buscarse la vida en lugares más acogedores, pero el precio lo pagará este pobre pais (no por su culpa, claro) durante décadas o generaciones incluso, si no se remedia.

    • Efectivamente los exiliados españoles en México contribuyeron muchísimo al desarrollo y progreso de ese país. Incluso hay algunos investigadores que atribuyen a Lázaro Cárdenas (Presidente de México en aquellos años) otras motivaciones además de las humanitarias en su implicación personal durante la llegada y acogida de los refugiados. Y es que un gran número de ellos eran científicos, intelectuales y profesionales muy cualificados… Por cierto, me ha encantado eso de “los fugitivos de la miseria”. Hubiera sido un título mucho mejor para el artículo 🙂

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