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Hace poco me quedé sorprendido al leer este artículo sobre la inclusión del juego de mesa Colonos de Catán en las entrevistas que estaban haciendo algunas compañías de Wall Street. No como elemento centra de la selección, pero sí como una parte más. Aunque quienes conocemos el juego desde hace años -e incluso ya lo hemos dejado a un lado buscando nuevos retos- no deberíamos sorprendernos tanto.

En Catán la negociación es indispensable, porque sin negociar va a ser prácticamente imposible que puedas acceder a los recursos que necesitas durante la partida para construir tus carreteras, poblados y ciudades. Y sin construir no ganas puntos, que son los que te van a dar la victoria. Además, son necesarias también otro tipo de habilidades como la planificación, la capacidad de anticipación a diversos escenarios o la gestión de unos recursos siempre escasos. Un puñado de habilidades que tradicionalmente se han intentado detectar mediante distintos tipos de dinámicas de selección, pero que un juego de mesa parece solucionar de forma mucho más sencilla y probablemente en menor tiempo.

Rebuscando por ahí he encontrado unos cuantos artículos de hace años que hacen referencia al juego como una auténtica moda en Silicon Valley, como este, titulado “En Silicon Valley Catán es el nuevo golf” en incluso el Wall Street Journal lo menciona como forma de romper el hielo en las reuniones de negocios. Más allá de estas curiosidades los juegos de mesa modernos no están presentes en entornos creativos y tecnológicos como Silicon Valley por casualidad. En mi opinión hay una cuestión clave y es que el modelo de ocio que plantean los juegos de mesa es activo. Los jugadores no son espectadores pasivos, participan del desarrollo y sus acciones tienen consecuencias. Además, después de pasar horas y horas delante de una pantalla cualquiera preferiría sentarse alrededor de mesa con amigos que volver a la pantalla, ¿verdad?